El año apenas comenzaba cuando un terremoto cambió la vida de Coatepec y de buena parte de la región. La noche del sábado 3 de enero de 1920, las casas dejaron de ser refugio seguro para muchas familias, que salieron a patios, calles y espacios abiertos mientras continuaban los movimientos de tierra.

El episodio quedó en documentos científicos, fotografías y recuerdos locales. Conocerlo añade una dimensión humana al paseo por el centro: detrás de las casas antiguas también hay reparaciones, pérdidas y esfuerzos por seguir viviendo después de una emergencia.

UN SISMO DE GRAN IMPACTO REGIONAL

El terremoto tuvo una magnitud estimada de 6.4. Afectó a poblaciones de Veracruz y Puebla, entre ellas Coatepec, Xalapa y Teocelo. Se conoce ampliamente como el terremoto de Xalapa, aunque sus consecuencias rebasaron esa ciudad.

Una parte de la tragedia regional se debió a deslizamientos de laderas y flujos de lodo y escombros. El movimiento sísmico alteró terrenos y cauces de la cuenca de los ríos Huitzilapan y Pescados, con efectos devastadores para varias poblaciones de sus orillas.

La diferencia es importante para comprender lo sucedido. Hubo daños en edificios por la sacudida, pero también procesos posteriores en barrancas y ríos. La magnitud por sí sola no explica la distribución de las pérdidas en una región de relieve accidentado.

LO QUE VIVIÓ COATEPEC

Las memorias del médico Rafael Sánchez Altamirano permiten acercarse a la experiencia local. Sus apuntes, publicados décadas después, recogen los movimientos que ya se habían percibido en diciembre y el sobresalto causado por el terremoto de enero.

En Coatepec se registraron techos derrumbados, muros agrietados y temor ante las réplicas. La energía eléctrica fue suspendida para reducir el peligro de cortocircuitos en construcciones afectadas. Las personas buscaron lugares abiertos y permanecieron pendientes de los nuevos movimientos.

La respuesta religiosa también formó parte de aquella experiencia. Hubo habitantes que recurrieron a imágenes y procesiones mientras trataban de sobrellevar la incertidumbre. Esas prácticas expresan una manera de enfrentar colectivamente el miedo en el contexto social de la época.

LAS FOTOGRAFÍAS QUE LLEVARON LA NOTICIA

La historia del terremoto también es una historia de imágenes. Fotografías de las zonas afectadas circularon en la prensa y ayudaron a comunicar la dimensión de los daños a personas que estaban lejos de la región.

Esos documentos tienen un valor especial: permiten observar construcciones, calles y formas de registrar una emergencia a principios del siglo XX. Su estudio ha reunido a investigadores interesados tanto en el desastre como en la difusión de sus primeras imágenes.

Para conocer el episodio, conviene distinguir la localidad que muestra cada fotografía. La catástrofe fue regional; una escena de Teocelo o de una población ribereña conserva su propia historia y no debe confundirse con una vista de Coatepec.

OTRA MANERA DE MIRAR LAS CASAS ANTIGUAS

Durante una visita al centro, el recuerdo de 1920 cambia el significado de las construcciones. La antigüedad de un inmueble incluye los acontecimientos que atravesó y los trabajos que permitieron conservarlo o transformarlo.

Los documentos conservan una huella especialmente valiosa del terremoto al registrar lo que vivieron los habitantes: personas que salieron de sus casas de noche, compartieron la incertidumbre y comenzaron después a reparar su vida cotidiana.

Recordar ese 3 de enero permite conocer un Coatepec más completo. El pueblo que hoy recibe viajeros también ha sido una comunidad capaz de enfrentar una noche difícil y conservar su recuerdo durante generaciones.