Antes de que los automóviles dominaran los caminos, Coatepec tuvo un tren que llevó pasajeros y productos entre poblaciones, haciendas y cafetales. Su nombre popular fue El Piojito, un apodo difícil de olvidar para una de las transformaciones más importantes de la vida regional.

El ferrocarril enlazó Xalapa con Coatepec, Xico y Teocelo. Funcionó entre 1898 y 1945 y permitió que el viaje de una persona, el traslado de una cosecha y la actividad de una hacienda formaran parte de una misma red de comunicación.

EL DÍA EN QUE LLEGÓ EL PRESIDENTE

El 1 de mayo de 1898, Porfirio Díaz participó en la inauguración del ferrocarril y de la planta hidroeléctrica de Texolo. La llegada del tren fue presentada como una señal de modernización para una región donde la producción agrícola necesitaba mejores vías de salida.

La empresa era la Jalapa Railroad and Power Company. Su propio nombre reunía dos elementos del proyecto económico de aquella época: transporte y energía. El tren no era solamente una novedad para mirar desde la estación; estaba ligado a la circulación de mercancías y al desarrollo de actividades productivas.

Para Coatepec, esa conexión significaba participar de una ruta regional que rebasaba su plaza y sus calles. El movimiento de la población encontraba otra escala en los rieles.

UN CAMINO DE POBLACIONES Y HACIENDAS

La ruta incluía La Orduña, Coatepec, Zimpizahua, Las Puentes, Xico, Santa Rosa y Teocelo. Los nombres todavía permiten reconocer una geografía compartida, aunque hoy se recorra por carretera y pertenezca a distintos municipios.

La línea que habría de continuar más lejos terminó teniendo en Teocelo su punto final. Ese límite ayuda a comprender la dimensión real del servicio: un ferrocarril regional de pasajeros y carga, fundamental para las localidades que conectaba.

Las haciendas se relacionaron con sus paradas y con la posibilidad de mover productos. En una zona de café, cítricos y caña, el transporte influía en el tiempo y el esfuerzo necesarios para llevar la producción hacia otros puntos.

EL PIOJITO TAMBIÉN CAMBIÓ DE FORMA

La memoria del ferrocarril suele concentrarse en las locomotoras de vapor, pero su historia incluyó otras soluciones. En la década de 1920 se incorporaron autovías: vehículos que combinaban carrocerías semejantes a las de autobuses con motores de gasolina y ruedas adaptadas para circular sobre rieles.

Ese cambio permite imaginar un servicio que buscaba ajustarse a otras necesidades de operación. El Piojito no fue una fotografía inmóvil de una locomotora: tuvo etapas y transformaciones a lo largo de sus años de funcionamiento.

En 1945 dejó de prestar servicio. La expansión del transporte por carretera había modificado las condiciones de movilidad de la región y el ferrocarril pasó a formar parte de los recuerdos locales.

CÓMO SEGUIR SU HISTORIA DURANTE UN VIAJE

La Orduña y Zimpizahua permiten relacionar el relato ferroviario con el paisaje productivo del municipio. La propuesta es observar las antiguas haciendas y sus entornos como parte de una red que necesitaba comunicar fincas, poblaciones y mercados.

Xico y Teocelo son extensiones posibles del recorrido regional, con traslado propio y fuera del municipio de Coatepec. El tren histórico ya no opera: la ruta se conoce mediante sus lugares, documentos y memoria, no como un servicio ferroviario turístico actual.

Conocer El Piojito cambia la manera de mirar el mapa. Donde hoy se ven localidades separadas, durante décadas hubo estaciones enlazadas por el mismo viaje. Entre ellas viajaban cosechas, noticias y pasajeros, con Coatepec como parte de una historia que todavía une a la región.