José Damián Ortiz de Castro: el arquitecto de Coatepec que dejó huella en la Catedral de México
Las torres de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México tienen una conexión con Coatepec: el trabajo de José Damián Ortiz de Castro, arquitecto originario de este pueblo veracruzano y una figura destacada de la arquitectura novohispana del siglo XVIII. Su trayectoria permite relacionar un destino de escala cercana con uno de los edificios más conocidos del país.
Ortiz de Castro nació en 1750 y murió en 1793. Durante su vida participó en un periodo de cambios para la arquitectura, cuando la enseñanza académica y el lenguaje neoclásico ganaban presencia. Su nombre quedó vinculado con la Academia de San Carlos y con la etapa final de una obra catedralicia que se había desarrollado durante siglos.
UN ARQUITECTO EN TIEMPOS DE TRANSFORMACIÓN
En 1772, Ortiz de Castro trabajó como ayudante de Miguel Constanzó en la ampliación de la Casa de Moneda; en 1779 participó en obras de la fábrica de pólvora de Santa Fe. Estas actividades lo sitúan dentro de un campo profesional que reunía arquitectura, ingeniería y obras al servicio de la ciudad.
En 1785 escribió sobre el uso del yeso en la construcción y al año siguiente ganó el concurso para concluir la fachada y las torres de la Catedral Metropolitana. Entre sus aportaciones constructivas se encuentra el uso de hierro en la estructura de los campanarios, un detalle que permite relacionar su trabajo con problemas técnicos además de formales.
SU PAPEL EN LA CATEDRAL METROPOLITANA
Ortiz de Castro fue maestro mayor de la Catedral de México entre 1787 y 1793. Su aportación más reconocida se relaciona con la terminación de las torres. En ellas, el trabajo de diseño y construcción tenía un efecto que iba más allá de una parte del inmueble: contribuía a definir la silueta de un gran espacio urbano.
Esa responsabilidad exigía atender proporciones, estructura y continuidad con el conjunto existente. Las torres debían relacionarse con la fachada y con el edificio que las sostenía. Conocer al arquitecto permite mirar aquella imagen desde una historia de decisiones y trabajo, además de su valor monumental.
LA RELACIÓN CON LA ACADEMIA
En 1788 presentó el proyecto para la reedificación de la parroquia de Tulancingo, hoy catedral. El trabajo se relacionó con su reconocimiento como académico de mérito. La transformación incorporó un lenguaje neoclásico y dio a otro conjunto religioso una parte importante de su carácter arquitectónico.
Su actividad también abarcó obras urbanas: en 1790 dirigió trabajos de empedrado en la Plaza Mayor de México y después colaboró en fuentes y otras intervenciones. La ciudad era un espacio de trabajo más amplio que un solo monumento, con necesidades de circulación, abastecimiento y construcción.
UN PERSONAJE PARA RELACIONAR DOS VIAJES
Una de las conexiones más singulares con el presente apareció en 2007: en la torre oriente de la Catedral Metropolitana se encontró una cápsula del tiempo depositada en 1791. El hallazgo volvió a dar atención al trabajo de Ortiz de Castro y a la historia de las torres.
La conexión también funciona al revés. Quien conoce primero Coatepec puede recordar al arquitecto cuando después visite la Ciudad de México. Ese tipo de relación hace que las biografías sean útiles para viajar: agregan un hilo entre lugares que, a primera vista, parecen pertenecer a recorridos distintos.
MÁS ALLÁ DE UNA LISTA DE PERSONAJES
Ortiz de Castro suele aparecer entre los nombres ilustres de Coatepec, pero su importancia se entiende mejor a través de una obra concreta. No fue solamente alguien que ejerció la arquitectura: tuvo un papel en la terminación de uno de los conjuntos más representativos de México.
Su vida terminó en 1793, mientras la historia del edificio continuó con otros responsables y nuevas intervenciones. Esa sucesión recuerda la naturaleza colectiva de las grandes obras, donde una aportación individual puede ser decisiva sin convertir a una sola persona en autora de todo el conjunto.
Conocer esta historia ofrece otra razón para interesarse por Coatepec. Junto a sus escritores y creadores, el pueblo tiene un lugar en la memoria de la arquitectura nacional. José Damián Ortiz de Castro es una conexión concreta entre ese origen veracruzano y una obra que continúa formando parte de la imagen de México.